A mis primos inmersos en la catalanidad
Tal como les digo: una vez que se han amortiguado los efectos de la increíble campaña electoral catalana, tan pródiga en desnudos y en falsos gemidos orgásmicos y en que ya algunos de los protagonistas han comenzado a tirarse los trastos a la cabeza (la actriz porno María Lapiedra dije que Laporta la ha dejado tirada y eso que ella había hecho aquellas exhibiciones gratis) pasa a primer plano una decisión, quizá la última del Tripartito: institucionalizar por decreto el pan con tomate.
Vamos a pasar por el tamiz de la literatura algo tan prosaico - y tan rico- como el pan con tomate en boca de un personaje de Manuel Vázquez Montalbán : “un prodigio de koiné cultural que materializa el encuentro entre la cultura del trigo europea, la del tomate americana, el aceite de oliva mediterráneo y la sal, esa sal de la tierra que consagró la cultura cristiana. Y resulta que este prodigio alimentario se les ocurrió a los catalanes hace poco más de dos siglos, pero con tanta conciencia de hallazgo que lo han convertido en una seña de identidad equivalente a la lengua o a la leche materna” (…) mientras “los charnegos, los inmigrantes catalanizados, adoptamos el pan con tomate como una ambrosía que nos permite la integración”.
Pues bien uno de los últimos actos de gobierno del tripartito ha sido que el ‘Pà amb tomàquet’, butifarra y todos los tópicos alimenticios que se relacionan con Cataluña deberán estar presentes en la carta matinal de los hoteles que quieran superar la calificación de las cuatro estrellas y alcanzar las nuevas categorías de “Cuatro estrellas superior” y “Gran Lujo”.
Algo que no nos parece ni bien ni mal y desde aquí animo a Griñán a que haga los mismo con la porra antequerana o el salmorejo, algo que es tan bueno que no tiene necesidad de que salga en el BOJA. Lo mismo que el pan con tomate: se vende solo y hasta el gran Gasol lo recomienda en EEUU.
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