
Acabados los Juegos Olímpicos y a la vista de su desarrollo, incluidas las ceremonias de apertura y cierre, es de suponer que una sana envidia habrá recorrido la espina dorsal de los españoles. Los británicos, los ingleses, han dado una vez más prueba de una categoría e inteligencia que los demás pueblos intentan imitar aunque pocas veces lo consigan.
De España diremos que ha hecho un pobre papel: según el lugar que ocupa en el mundo como nación le hubieran correspondido, como mínimo, el doble de trofeos, pero ya se sabe que aquí somos mayormente futboleros, excepción hecha de la selección de baloncesto y de otros deportes menores, como la vela, el taikondo, y algunos más, amén de la eclosión de nuestras chicas que habrá alegrado sobre manera a todo el mundo, incluida la excepción –que no compartimos- de que habla Pérez-Reverte: “Qué mal lo habrá pasado el obispo de Alcalá viendo a todas esas zorras”, con sus medallas, arriesgándose a abortar, en vez de quedarse en casa, dignamente madres, procreando”.
Esta primera impresión a vuela teclado quiero enriquecerla con las de dos columnistas de categoría, el primero el citado Pérez-Reverte que alaba el destacado papel en los JJOO: “la cantidad de señoras olímpicas que han dado lecciones de pundonor y coraje, chicas duras, dignas y valientes, que verlas luchar daba miedo”
“No he podido evitar acordarme de cuando el papa Pío XI criticó en la encíclica Casti Connubi la participación femenina en el deporte y en muchas otras cosas. Su única función social era el matrimonio y lo demás era corrupción de la índole femenina y la dignidad materna, perversión de toda la familia”.
Una mención especial para “el éxito de españoles en deportes pequeños, humildes”:
“De esos en los que nadie invierte un maldito euro, en los que uno se curte a base de sí mismo, de echarle valor, sacrificio y tenacidad, de esos que no salen en primera página, o salen en pequeñito, en un rincón, sin contratos millonarios y sin glamour”.
“Me conmovieron igual las lágrimas de nuestros vencedores y las lágrimas de nuestros derrotados, que no eran Moratinos llorando porque se iban a la puta calle. Eran lágrimas decentes, de coraje derrotado o de victoria ganada a pulso, y sólo los imbéciles confundirían unas lágrimas con otras”.
Por otra parte a Arcadi Espada en El Mundo por dentro, 130612, , le ha llamado la atención el protagonismo que la prensa escrita, quizá su canto del cisne, tuvo enla ceremonia de clausura de los JJOO de Londres:
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